Historia

Ver en la procesión Camino del Calvario a las turbas es una experiencia que no deja a nadie indiferente, es un contraste con el resto de procesiones, los nazarenos son los mismos, pero los sentimientos son expresados de otra manera, se pasa del estruendo al silencio y viceversa.

Plegarias a toque de tambor y clarín.

Las turbas tienen un profundo arraigo entre los conquenses. Constituyen un reclamo para venir a conocer la Semana Santa de Cuenca al mismo tiempo se puede decir que son las grandes desconocidas. ¿Dónde y Cómo se constituyen para salir en procesión? ¿por qué desfilan así? ¿forman parte de las semanas santas con tradición del tambor? Preguntas sin respuesta clara …

Actualmente las turbas desfilan en la procesión Camino del Calvario, heredera esta de la procesión de los Nazarenos, la cual por 1616 iniciaba el desfile del amanecer del Viernes Santo, por lo tanto aunque existe una referencia histórica a esta procesión no se hace mención en ningún documento encontrado hasta ahora de las turbas tal y como hoy se conocen.

Se han querido encontrar referencias indirectas a la existencia de los tamborileros que forman las turbas. A continuación vamos a ver las más extendidas:

Motín del Tío Corujo. En 1766 se produce un levantamiento en la ciudad de Cuenca (y varias más en España) como protesta por la subida del precio de los alimentos, aquí dos mil vecinos se amotinan y en los relatos de los disturbios, se hace mención a que los vecinos se apropiaron de tambores y bocinas utilizados en la Semana Santa y que se encontraban en una iglesia. Hay quien quiere ver en esta referencia la existencia de instrumentos pertenecientes a las turbas.
Otros investigadores creen que las turbas nacen de los enfrentamientos entre nazarenos ricos y pobres, éstos últimos irrumpían en la procesión de los ricos para mofarse de ellos y protestar así por los privilegios que la Hermandad de Jesús Nazareno tenía.

En 1714 se produce un proceso de la Inquisición en el que aparece la figura de un tamborilero en la madrugada de Viernes Santo, este juicio se motiva por el altercado entre dos nazarenos que acaba con un crucifijo roto en la cabeza de uno de ellos, así, durante la investigación de los hechos, se cita a un tamborilero que iba a la casa de los Hermanos Mayores y que estaba tocando toda la noche. En esa época era frecuente que los Hermanos Mayores diesen bebida en su casa a los nazarenos, el tamborilero podría ser un turbo o también un nazareno encargado de tocar para avisar del comienzo de la procesión

La publicación en 1908 del libro Un amor de provincia de Andrés Gonzalez Blanco, que residió en Cuenca y en el que aparece el relato de una procesión que vivió en su infancia, donde describe la existencia de dos procesiones, una seria y pacata y otra irreverente en la cual aparecen tambores velados. Hay que tener en cuenta que es un relato novelado y que no dice claramente que se trate de una procesión de Cuenca.
Como vemos se ha querido inferir la existencia de turbos por distintos relatos, pero ninguno de ellos aclara la existencia de las turbas antes del siglo XIX.

Basándonos en la transmisión oral de antiguos turbos en las que narraban la participación de sus familiares, las turbas tal y como las conocemos aparecen en el s.XIX. Sea como fuere, la procesión que hoy conocemos surge en el siglo XX.

Las turbas aparecen como «actores» encargados de representar la burla que sufrió Jesús camino de la cruz. Para ello utilizarán tambores y clarines y se vincularán a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador, conocido popularmente también como el Jesús de las seis. Así en el reglamento actual se definen las turbas como:

Con el nombre de «Las Turbas» se designa a un grupo de Nazarenos de la ciudad de Cuenca que vinculado a la Real, Ilustre Antiquísima y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Salvador (en adelante la Hermandad) representan en la Procesión Camino del Calvario el escarnio y mofa al que fue sometido nuestro Padre Jesús cuando era conducido al Calvario para su crucifixión.

Las primeras turbas las componen seis tambores, seis clarines y un jefe de las turbas o maestre. Recibían estos como pago una punta de alajú (postre típico de Cuenca, formado por miel y almendras) y un real. Se formaron con personas pobres de la ciudad y se vincularon por familias, así se empieza hablar de Patacos, Planchas, Pantaleones…

Tras la guerra civil, se produce una reconstrucción de la Semana Santa en Cuenca y en 1942 vuelven las turbas, esta vez ampliadas a doce tambores y doce clarines, desfilando primero los clarines, seguidos de los tambores y siempre delante del guión de la hermandad. En esta época y con una sociedad tan católica y conservadora, es de entender que estas personas no sean bien vistas en la ciudad, seguían perteneciendo a las familias iniciales y se les seguía pagando. Existía un censo en la Hermandad donde aparecían los miembros que conformaban las turbas.

Con el paso del tiempo, en los años 60, los jóvenes de las clases medias y altas de la ciudad, comienzan a interesarse por las turbas y empiezan a salir en ella, con lo cual surgen problemas ya que estos participantes no son reconocidos como turbos. Viendo que el problema persiste y cada vez son mas los que comienzan a salir, se decide dar una credencial a los componentes con el fin de limitar el número de participantes. En la década de los 70 se produce un boom de las turbas, se utilizan estas como medio de protesta y algarabía, aparece la policía en la procesión y comienzan a desaparecer los nazarenos de la hermandad ante la masificación de la turba y no respetar esta su sitio, son los años en los que aparecen foráneos y conquenses que entienden la procesión como una fiesta y no comprenden lo que se representa, este fenómeno no solo afecta a la procesión, si no que toda la noche se convierte en una fiesta donde todo vale.

Esta situación degenera y se pretende poner coto formando el denominado «grupo turbas» que intentará que estas vuelvan a ser lo que eran, miembros de una procesión peculiar, pero sabiendo en todo momento cual es su papel y donde se encuentran. Se crean las primeras campañas de concienciación.

En 1990, la masificación provoca una caída masiva al poco de comenzar la procesión, con varios heridos, tras este incidente las autoridades comenzarán a plantear la necesidad de restringir el acceso a determinados sitios del recorrido y a presentar planes de seguridad. La procesión es cada vez más difícil, las turbas masificadas y con personas dentro de ellas que no entienden el rito hacen que la relación entre éstas y la hermandad cada vez sea mas difícil, llegando hasta el punto de dejar las imágenes en el suelo por no poder avanzar.

En esta década son muchas las personas que intentan que el rito de las turbas perdure, pero el 29 de marzo de 2002 se produce un hecho que avergüenza a todas las personas que quieren la Semana Santa, esa madrugada, al suspenderse la procesión por la lluvia, las imágenes de la Hermandad se intentar refugiar en la iglesia de San Esteban y un grupo de personas, dentro de las turbas, intentan impedirlo, e incluso llegan a lanzar palillos a las imágenes. Tras los graves incidentes, la hermandad decide no salir en procesión el año 2003 y turbas y hermandad llegan a un punto de ruptura. Esta grave crisis hace que toda la ciudad comprenda la necesidad de entendimiento entre turbas, hermandades y ciudad, todos estamos interesados en el mejor desarrollo posible de esta singular procesión y así se consigue que las turbas tengan mayor representación y autonomía, que se entienda la necesidad de coordinarse todos y del trabajo común.

En esta nueva etapa aparece por primera vez en la Semana Santa de Cuenca un protocolo de suspensión de la procesión ante inclemencias metereológicas para intentar evitar suspender la procesión durante el recorrido.

Vemos pues cómo la historia de las turbas está difusa y cargada de altibajos, pero lo que está claro es el profundo arraigo que tienen en la ciudad, que es el que hace creer a los estudiosos que debe venir de lejos, ya que de otra forma, sería difícil mantener una tradición no exenta de problemas.

Quizá las turbas tengan que ver con la tradición del tambor que aparecen en la Semana Santa de Alcañiz, Calanda, Hellin, Tobarra, etc. tan próximas a nosotros o quizá sea un «invento» más o menos actual, pero es innegable que marcan un hito dentro de la Semana Santa conquense.

Esperamos que esta breve introducción haya servido para hacerse una idea de la poca historia conocida de las turbas. Para ahondar en ella nada mejor que los libros publicados por estudiosos del fenómeno turbas, desde aquí recomendamos algunos:
El rito de las turbas. Autor Luis Calvo Cortijo

Las turbas. Aproximación a un estudio. Autores A. Requena, J.L. Lucas y J. Moya

Turbos. Autor José Urbano y fotografía de Ramón Herraiz.

Memoriales. Editados por el grupo turbas y que se pueden consultar en la sección Hemeroteca en el apartado publicaciones.

Revista Cuenca nazarena. Editada por la junta de Cofradías.

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